No la conozco en persona, pero es mi amiga en Facebook, sugerida por mi hijo quien sí la conoce. Nicté es alguien a quien admiro sinceramente.
Ella se dedica, actualmente, a visitar a los hijos de las reclusas en las cárceles y centros de readaptación, y lee y juega con ellos. Es tal vez la única oportunidad que les dé la vida en su infancia de conocer a alguien que haga algo así por ellos. Debería haber más personas que trabajaran en esto, pero... ¿por qué no las hay?
Porque casi los únicos que pueden hacerlo son voluntarios, y debido a las condiciones críticas que se viven en México, todos estamos demasiado ocupados en ganarnos el pan. De hecho, en ganarnos apenas unos cuantos pesos que con trabajos nos alcanzarán para comer.
Ya que así son las condiciones en México, ¿qué podría hacer el gobierno, ¡¿qué podrían hacer las autoridades carcelarias, o las autoridades educativas, por los niños que pasan buena parte de su infancia en la cárcel, sin haber cometido ningún delito por cierto? No se trata de darles juguetes, regalarles computadoras, llevarles dulces. Todo lo anterior, sí, pero sólo después de llevarles más personas como Nicté, que hagan lo que ella hace. No sería mucha la inversión requerida en comparación con los beneficios obtenidos para esos niños.
martes, 15 de marzo de 2016
lunes, 14 de marzo de 2016
La educación es asunto nuestro
De un tiempo acá, a quienes nos interesa el estado de la educación en México (y probablemente en otros países de Latinoamérica suceda lo mismo) hemos visto que ha decaído en picada. Suele decirse que lo importante no es buscar culpables, pero en este caso sí es importante para saber qué hay que hacer para ponerle remedio.
El principal aspecto a señalar es el empobrecimiento progresivo de los programas educativos, y ello no sólo los que se aplican en las escuelas a donde acuden nuestros niños y jóvenes, sino también aquellos programas que siguen los que se forman como maestros. Al decir que se han empobrecido me refiero a que cada vez aprenden menos. Como ejemplo, en la asignatura de Español los niños ven lo mismo una y otra vez desde segundo o tercero de primaria y hasta tercero de secundaria. ¿Qué es eso que ven, que es tan importante para que lo repitan y lo vuelvan a repetir? Las situaciones comunicativas.
No discuto la importancia de que los niños y los jóvenes conozcan y aprendan a llevar a cabo mesas redondas, entrevistas y debates, y cómo se hace un artículo periodístico, un guión radiofónico, o que reconozcan las diferencias entre el mito, el cuento y la leyenda. Pero no son temas demasiado complicados y, en cambio, le han quitado casi por completo el tiempo dedicado a temas de gramática y de ortografía. De repente, y hasta parece que es casi por accidente o por llenar el espacio de media página que sobraba en los libros, se incluye un brevísimo comentario sobre las categorías de las palabras o sobre alguna regla de ortografía. ¿Qué de extraño tiene entonces que, al llegar a la preparatoria y sobre todo a la universidad, les rechacen los trabajos y las tesis porque están mal redactadas? ¡Si nadie les enseñó nunca a escribir con corrección!
En la asignatura de Matemáticas no conozco los programas, pero sí una alarmante situación: los muchachos de preparatoria no saben las tablas de multiplicar, y he visto jóvenes de veintitantos años realizando las sumas más elementales ya no digamos mentalmente, ni siquiera con lápiz y papel, sino en la calculadora. Es cierto, la calculadora es una herramienta muy útil que ahorra mucho tiempo y errores, pero también es cierto que es indispensable saber hacer lo más sencillo de otra manera, sobre todo el cálculo mental, para desarrollar la capacidad intelectual e inclusive para mantener activas las neuronas y prevenir, a futuro, males como el Alzheimer.
Esto es lo que me lleva a decir que la educación es asunto nuestro, más que del gobierno. Hasta donde puedo ver, nuestro gobierno no se ha hecho cargo de la educación como debe ser. De aquí mi invitación a todos, pero sobre todo a los papás de niños pequeños, a hacerlos lectores ellos mismos, en casa, y no esperar que lo hagan en la escuela. ¡Ahí no lo van a hacer!, y la lectura es el principal hábito que tenemos que inculcar a nuestros hijos si queremos propiciar su éxito escolar. En entradas anteriores, puedes leerlas más abajo si el tema te interesa, doy algunas ideas sobre cómo lograr, tú y en casa, que a tus hijos les guste leer.
No cedas la responsabilidad de educarlos en las autoridades que no se han ganado que les tengas esa confianza.
El principal aspecto a señalar es el empobrecimiento progresivo de los programas educativos, y ello no sólo los que se aplican en las escuelas a donde acuden nuestros niños y jóvenes, sino también aquellos programas que siguen los que se forman como maestros. Al decir que se han empobrecido me refiero a que cada vez aprenden menos. Como ejemplo, en la asignatura de Español los niños ven lo mismo una y otra vez desde segundo o tercero de primaria y hasta tercero de secundaria. ¿Qué es eso que ven, que es tan importante para que lo repitan y lo vuelvan a repetir? Las situaciones comunicativas.
No discuto la importancia de que los niños y los jóvenes conozcan y aprendan a llevar a cabo mesas redondas, entrevistas y debates, y cómo se hace un artículo periodístico, un guión radiofónico, o que reconozcan las diferencias entre el mito, el cuento y la leyenda. Pero no son temas demasiado complicados y, en cambio, le han quitado casi por completo el tiempo dedicado a temas de gramática y de ortografía. De repente, y hasta parece que es casi por accidente o por llenar el espacio de media página que sobraba en los libros, se incluye un brevísimo comentario sobre las categorías de las palabras o sobre alguna regla de ortografía. ¿Qué de extraño tiene entonces que, al llegar a la preparatoria y sobre todo a la universidad, les rechacen los trabajos y las tesis porque están mal redactadas? ¡Si nadie les enseñó nunca a escribir con corrección!
En la asignatura de Matemáticas no conozco los programas, pero sí una alarmante situación: los muchachos de preparatoria no saben las tablas de multiplicar, y he visto jóvenes de veintitantos años realizando las sumas más elementales ya no digamos mentalmente, ni siquiera con lápiz y papel, sino en la calculadora. Es cierto, la calculadora es una herramienta muy útil que ahorra mucho tiempo y errores, pero también es cierto que es indispensable saber hacer lo más sencillo de otra manera, sobre todo el cálculo mental, para desarrollar la capacidad intelectual e inclusive para mantener activas las neuronas y prevenir, a futuro, males como el Alzheimer.
Esto es lo que me lleva a decir que la educación es asunto nuestro, más que del gobierno. Hasta donde puedo ver, nuestro gobierno no se ha hecho cargo de la educación como debe ser. De aquí mi invitación a todos, pero sobre todo a los papás de niños pequeños, a hacerlos lectores ellos mismos, en casa, y no esperar que lo hagan en la escuela. ¡Ahí no lo van a hacer!, y la lectura es el principal hábito que tenemos que inculcar a nuestros hijos si queremos propiciar su éxito escolar. En entradas anteriores, puedes leerlas más abajo si el tema te interesa, doy algunas ideas sobre cómo lograr, tú y en casa, que a tus hijos les guste leer.
No cedas la responsabilidad de educarlos en las autoridades que no se han ganado que les tengas esa confianza.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Educa en el transporte público
Entre los muchos cambios que estamos viviendo actualmente, uno que me ha llamado mucho la atención es la falta de cortesía que se vive en el transporte público. Por supuesto que de todo hay, se ven también ejemplos de buena educación, pero es común ver que el microbús, el autobús o el vagón del metrobús o del metro van llenos, los asientos ocupados por personas jóvenes, hombres y mujeres, y también por niños. Y los adultos mayores, los discapacitados, las mujeres embarazadas y las personas cargando niños, van de pie.
De hecho, creo que lo expresé mal. Lo anterior no es falta de cortesía ni de educación, sino de la más elemental consideración hacia las necesidades de los demás. Hace muchos años ya, lo común era que las mujeres de cualquier edad tuvieran preferencia en los asientos y los hombres, incluso ancianos, cedían el asiento a las mujeres. Eso ha cambiado, dicen ellos, debido a la liberación femenina: ¿Quieren ser igual que nosotros?, pues que viajen de pie. Eso no es malo, por supuesto: los hombres tienen tanto derecho como las mujeres a viajar cómodamente sentados.
Lo malo es que no haya dado paso a un nuevo concepto: los asientos no son para las mujeres o para los hombres. Los asientos son para quienes más los necesitan. En ocasiones, más fácilmente yo, que me acerco a poder obtener mi credencial de tercera edad, cedo mi asiento a una persona mayor que yo, o a una muchacha (o incluso un muchacho) que va cargando un bebé. Y los jóvenes, ni se inmutan. No hace mucho, yendo yo de pie, al subir una persona mayor que yo y no haber lugar para ella, alcé la voz y pedí que algún joven o señorita le dejara su lugar. Y sí, aunque pensé que no iba a ocurrir, un muchacho se levantó y le cedió su asiento a la mujer.
¿Qué ha ocurrido, y quién tiene la culpa de ello? Nosotros, los adultos. Y los padres jóvenes que hoy “educan” a sus hijos. Es frecuente ver que se sube al transporte una mamá, o incluso una abuela, con niños, y al desocuparse un lugar le dicen: “Mira, siéntate ahí”, y ellas se quedan de pie. Supongo que piensan que es su forma de ser “buena mamá” o “buena abuelita”, pero yo pregunto: ¿piensan en algún momento enseñar al niño a ser considerado con las demás personas?, ¿o sólo lo educan para su propia comodidad (la del niño, no la de ellas)?
Lo mismo: de cada veinte papás o mamás que van en la calle con sus hijos a la escuela, 19 les van cargando la mochila. Incluso, he visto mamás que llevan una mochila en cada mano y otra en la espalda, y los tres niños brincoteando a su alrededor. ¿Pensarán acaso en hacerlos algún día responsables de sus cosas?, ¿o siempre estará mamá y papá que les aliviane la carga, y supongo que también, más adelante, les resuelva sus problemas?
Papá o mamá, no desperdicies la oportunidad que tienes ahora de enseñar a tu hijo a ser considerado con los demás, y también de enseñarlo a hacerse cargo de sus cosas. Enseñar a tu hijo que no eres su esclavo o esclava no es ser mal padre, todo lo contrario, es poner un ladrillo muy importante en la construcción del edificio que es una persona íntegra.
De hecho, creo que lo expresé mal. Lo anterior no es falta de cortesía ni de educación, sino de la más elemental consideración hacia las necesidades de los demás. Hace muchos años ya, lo común era que las mujeres de cualquier edad tuvieran preferencia en los asientos y los hombres, incluso ancianos, cedían el asiento a las mujeres. Eso ha cambiado, dicen ellos, debido a la liberación femenina: ¿Quieren ser igual que nosotros?, pues que viajen de pie. Eso no es malo, por supuesto: los hombres tienen tanto derecho como las mujeres a viajar cómodamente sentados.
Lo malo es que no haya dado paso a un nuevo concepto: los asientos no son para las mujeres o para los hombres. Los asientos son para quienes más los necesitan. En ocasiones, más fácilmente yo, que me acerco a poder obtener mi credencial de tercera edad, cedo mi asiento a una persona mayor que yo, o a una muchacha (o incluso un muchacho) que va cargando un bebé. Y los jóvenes, ni se inmutan. No hace mucho, yendo yo de pie, al subir una persona mayor que yo y no haber lugar para ella, alcé la voz y pedí que algún joven o señorita le dejara su lugar. Y sí, aunque pensé que no iba a ocurrir, un muchacho se levantó y le cedió su asiento a la mujer.
¿Qué ha ocurrido, y quién tiene la culpa de ello? Nosotros, los adultos. Y los padres jóvenes que hoy “educan” a sus hijos. Es frecuente ver que se sube al transporte una mamá, o incluso una abuela, con niños, y al desocuparse un lugar le dicen: “Mira, siéntate ahí”, y ellas se quedan de pie. Supongo que piensan que es su forma de ser “buena mamá” o “buena abuelita”, pero yo pregunto: ¿piensan en algún momento enseñar al niño a ser considerado con las demás personas?, ¿o sólo lo educan para su propia comodidad (la del niño, no la de ellas)?
Lo mismo: de cada veinte papás o mamás que van en la calle con sus hijos a la escuela, 19 les van cargando la mochila. Incluso, he visto mamás que llevan una mochila en cada mano y otra en la espalda, y los tres niños brincoteando a su alrededor. ¿Pensarán acaso en hacerlos algún día responsables de sus cosas?, ¿o siempre estará mamá y papá que les aliviane la carga, y supongo que también, más adelante, les resuelva sus problemas?
Papá o mamá, no desperdicies la oportunidad que tienes ahora de enseñar a tu hijo a ser considerado con los demás, y también de enseñarlo a hacerse cargo de sus cosas. Enseñar a tu hijo que no eres su esclavo o esclava no es ser mal padre, todo lo contrario, es poner un ladrillo muy importante en la construcción del edificio que es una persona íntegra.
martes, 9 de junio de 2015
Calculitos
Comentaba en otro artículo que una de las mejores cosas que podemos hacer por nuestros hijos es enseñarlos a razonar desde pequeños. Y esto incluye el preguntarles sobre lo que vemos alrededor, la lógica simple de las cosas que nos rodean, el para qué sirve una máquina, o el porqué alguien actúa de cierta forma, pero también el proponerles pequeños desafíos lógico-matemáticos al alcance de sus posibilidades.
Comparto con ustedes unos ejemplos de los problemitas que planteé a mis hijos, hoy jóvenes y todos universitarios. Esto lo hacía en las mañanas, mientras lavaba dientes, peinaba y boleaba zapatos a cinco chiquillos, en lugar de regañar y corretearlos con gruñidos, jugábamos a pensar. A veces les pedía a los tres mayores que se quedaran callados para proponer uno más sencillo a sus hermanos pequeños, y otros de estos (y parecidos, lo dejo a la imaginación de cada quien) para los tres grandes. Ojalá a alguien le sirvan de algo:
Calculitos y experimentos
1) Sumando los dedos de tus dos manos y tus dos pies, ¿cuántos tienes en total? ¿Cuántos dedos tendrías si en cada mano y en cada pie tuvieras uno menos? ¿Cuántos tendrías si en cada mano y en cada pie tuvieras uno más?
2) Si tienes dos perros, dos gatos y dos ratones, ¿cuántos animales tienes? Si cada gato se come un ratón, ¿cuántos animales quedan? Y si cada perro se come un gato, ¿cuántos animales tienes?
3) ¿Cuánto es 5 + 5? ¿Cuánto es 10 + 10? ¿Cuánto es 50 + 50? ¿Cuánto es 100 + 100? ¿Cuánto es 51 + 51? ¿Cuánto es 102 + 102? ¿Cuánto es 204 entre 4?
4) ¿Qué prefieres que te dé?: Dos bolsas con cinco chocolates cada una; tres bolsas con tres chocolates cada una; cuatro bolsas con dos chocolates cada una. Los chocolates de todas las bolsas son del mismo tipo y de igual tamaño.
5) ¿Qué es más, una docena o una decena? ¿Qué es más, dos docenas o tres decenas?
6) ¿Cuántos dedos tienes en cada mano? ¿Cuántos tienes entre las dos manos? ¿Cuántos dedos tienes, contando las dos manos y los dos pies? Si tuvieras tres manos y tres pies, ¿cuántos dedos tendrías en total?
7) ¿Dónde tienes más, cinco montones de cuatro o cuatro montones de cinco? Tomar 20 frijoles y hacer la prueba sobre la mesa. Aprovechar para hablar de la conmutación de la multiplicación.
8) Si compras dos pastelillos de 4 pesos cada uno, y una paleta de 3 pesos, ¿te alcanza para pagar con una moneda de 10? ¿Cuánto te sobra, o cuánto te falta?
9) ¿Cuál nombre tiene más letras, el tuyo o el de tu amigo (Pedro)?
10) ¿Cuántas letras tienen tu nombre y tu apellido juntos? ¿Tienen más letras que el nombre y el apellido de tu amigo (Luis)?
11) Si te hacen cinco favores y das las gracias tres veces, ¿cuántas veces te faltó ser agradecido?
12) Si dos escaleras tienen en total la misma altura y llegan al mismo piso, pero una tiene 6 escalones y la otra tiene 4, ¿cómo son sus escalones? ¿Cuál escalera tiene los escalones más altos?
13) Tienes cinco dedos en cada mano, ¿cuántos dedos tienes? Si juntas tus manos y las de cuatro compañeros, ¿cuántos dedos hay en total? Si llegan tres compañeros más, ¿cuántos dedos son? ¿Cuántos niños tienen que quedarse para que haya la mitad de esos dedos?
14) Tienes cinco dedos en cada mano, ¿cuántos dedos tienes? Si juntas tus manos y las de un compañero, ¿cuántos dedos hay en total? Si cada uno dobla un dedo de cada mano, ¿cuántos dedos quedan estirados? ¿Y si doblan dos dedos de cada mano?
15) Cuenta de uno en uno hasta veinte, y luego de reversa, hasta cero.
16) Cuenta de dos en dos hasta veinte. Ahora, cuenta de dos en dos, de reversa, hasta cero.
17) Cuenta de tres en tres hasta quince. Ahora, cuenta de tres en tres, de reversa, hasta cero.
18) ¿Cuánto tienes si al doble de 12 le sumas 5?
19) ¿Cuánto te queda si al triple de 6 le restas 4?
20) ¿Qué pasa si multiplicas por 2 el doble de 4? ¿Es lo mismo que 4 veces 4?
21) Si a los años que tienes les sumas los años que tiene tu hermano (o tu amigo…), ¿cuántos tienen entre los dos? ¿Cuántos les faltan para tener los mismos que tu mamá? ¿Y que tu papá?
22) Si hay cuatro patas, puede ser un perro o dos pollos. Si hay seis patas, ¿puede ser que sean dos perros? ¿Un perro y un pollo? ¿Cuatro pollos?
23) Si hay diez patas, ¿pueden ser tres perros? ¿Dos perros y qué más? ¿Cuántos pollos?
24) Un ciempiés no tiene cien pies, realmente. Supongamos que tiene 50, ¿cuántas arañas se requieren para tener tantas patas como un ciempiés? ¿Sobran patas?, ¿cuántas sobran?
25) Si cada ciempiés tuviera 50 patas, ¿entre cuántos harían un verdadero “ciempiés”? ¿Cuántos de estos ciempiés de 50 patas necesitarías para tener un “milpiés”?
26) Si pones el número 55 en un espejo, ¿qué número ves? ¿Y si pones el 88 frente al espejo? ¿Qué pasa si pones de cabeza el número 9?
27) Si a un cuadrado le quitas un lado y unes los lados que te quedan, ¿qué figura te saldría? Experimentos
1) Poner sobre la mesa dos vasos de diferente forma, uno más bajo y ancho, el otro alto y delgado. Con una taza cualquiera, o si se dispone de una taza medidora, experimentar a cuál de los dos les cabe más luego de haber preguntado al niño qué cree sólo con verlos.
2) Poner sobre la mesa tres tinas de agua; la de la izquierda un poco fría, la de la derecha un poco caliente; la del centro es al natural, como sale de la llave. Pedir al niño que introduzca cada mano en una de las tinas de la orilla, durante tres o cuatro minutos; luego, pasar al mismo tiempo ambas manos a la tina del centro, y preguntar: ¿cómo está, fría o caliente? Conversar sobre esto. Por qué se siente diferente con ambas manos.
Comparto con ustedes unos ejemplos de los problemitas que planteé a mis hijos, hoy jóvenes y todos universitarios. Esto lo hacía en las mañanas, mientras lavaba dientes, peinaba y boleaba zapatos a cinco chiquillos, en lugar de regañar y corretearlos con gruñidos, jugábamos a pensar. A veces les pedía a los tres mayores que se quedaran callados para proponer uno más sencillo a sus hermanos pequeños, y otros de estos (y parecidos, lo dejo a la imaginación de cada quien) para los tres grandes. Ojalá a alguien le sirvan de algo:
Calculitos y experimentos
1) Sumando los dedos de tus dos manos y tus dos pies, ¿cuántos tienes en total? ¿Cuántos dedos tendrías si en cada mano y en cada pie tuvieras uno menos? ¿Cuántos tendrías si en cada mano y en cada pie tuvieras uno más?
2) Si tienes dos perros, dos gatos y dos ratones, ¿cuántos animales tienes? Si cada gato se come un ratón, ¿cuántos animales quedan? Y si cada perro se come un gato, ¿cuántos animales tienes?
3) ¿Cuánto es 5 + 5? ¿Cuánto es 10 + 10? ¿Cuánto es 50 + 50? ¿Cuánto es 100 + 100? ¿Cuánto es 51 + 51? ¿Cuánto es 102 + 102? ¿Cuánto es 204 entre 4?
4) ¿Qué prefieres que te dé?: Dos bolsas con cinco chocolates cada una; tres bolsas con tres chocolates cada una; cuatro bolsas con dos chocolates cada una. Los chocolates de todas las bolsas son del mismo tipo y de igual tamaño.
5) ¿Qué es más, una docena o una decena? ¿Qué es más, dos docenas o tres decenas?
6) ¿Cuántos dedos tienes en cada mano? ¿Cuántos tienes entre las dos manos? ¿Cuántos dedos tienes, contando las dos manos y los dos pies? Si tuvieras tres manos y tres pies, ¿cuántos dedos tendrías en total?
7) ¿Dónde tienes más, cinco montones de cuatro o cuatro montones de cinco? Tomar 20 frijoles y hacer la prueba sobre la mesa. Aprovechar para hablar de la conmutación de la multiplicación.
8) Si compras dos pastelillos de 4 pesos cada uno, y una paleta de 3 pesos, ¿te alcanza para pagar con una moneda de 10? ¿Cuánto te sobra, o cuánto te falta?
9) ¿Cuál nombre tiene más letras, el tuyo o el de tu amigo (Pedro)?
10) ¿Cuántas letras tienen tu nombre y tu apellido juntos? ¿Tienen más letras que el nombre y el apellido de tu amigo (Luis)?
11) Si te hacen cinco favores y das las gracias tres veces, ¿cuántas veces te faltó ser agradecido?
12) Si dos escaleras tienen en total la misma altura y llegan al mismo piso, pero una tiene 6 escalones y la otra tiene 4, ¿cómo son sus escalones? ¿Cuál escalera tiene los escalones más altos?
13) Tienes cinco dedos en cada mano, ¿cuántos dedos tienes? Si juntas tus manos y las de cuatro compañeros, ¿cuántos dedos hay en total? Si llegan tres compañeros más, ¿cuántos dedos son? ¿Cuántos niños tienen que quedarse para que haya la mitad de esos dedos?
14) Tienes cinco dedos en cada mano, ¿cuántos dedos tienes? Si juntas tus manos y las de un compañero, ¿cuántos dedos hay en total? Si cada uno dobla un dedo de cada mano, ¿cuántos dedos quedan estirados? ¿Y si doblan dos dedos de cada mano?
15) Cuenta de uno en uno hasta veinte, y luego de reversa, hasta cero.
16) Cuenta de dos en dos hasta veinte. Ahora, cuenta de dos en dos, de reversa, hasta cero.
17) Cuenta de tres en tres hasta quince. Ahora, cuenta de tres en tres, de reversa, hasta cero.
18) ¿Cuánto tienes si al doble de 12 le sumas 5?
19) ¿Cuánto te queda si al triple de 6 le restas 4?
20) ¿Qué pasa si multiplicas por 2 el doble de 4? ¿Es lo mismo que 4 veces 4?
21) Si a los años que tienes les sumas los años que tiene tu hermano (o tu amigo…), ¿cuántos tienen entre los dos? ¿Cuántos les faltan para tener los mismos que tu mamá? ¿Y que tu papá?
22) Si hay cuatro patas, puede ser un perro o dos pollos. Si hay seis patas, ¿puede ser que sean dos perros? ¿Un perro y un pollo? ¿Cuatro pollos?
23) Si hay diez patas, ¿pueden ser tres perros? ¿Dos perros y qué más? ¿Cuántos pollos?
24) Un ciempiés no tiene cien pies, realmente. Supongamos que tiene 50, ¿cuántas arañas se requieren para tener tantas patas como un ciempiés? ¿Sobran patas?, ¿cuántas sobran?
25) Si cada ciempiés tuviera 50 patas, ¿entre cuántos harían un verdadero “ciempiés”? ¿Cuántos de estos ciempiés de 50 patas necesitarías para tener un “milpiés”?
26) Si pones el número 55 en un espejo, ¿qué número ves? ¿Y si pones el 88 frente al espejo? ¿Qué pasa si pones de cabeza el número 9?
27) Si a un cuadrado le quitas un lado y unes los lados que te quedan, ¿qué figura te saldría? Experimentos
1) Poner sobre la mesa dos vasos de diferente forma, uno más bajo y ancho, el otro alto y delgado. Con una taza cualquiera, o si se dispone de una taza medidora, experimentar a cuál de los dos les cabe más luego de haber preguntado al niño qué cree sólo con verlos.
2) Poner sobre la mesa tres tinas de agua; la de la izquierda un poco fría, la de la derecha un poco caliente; la del centro es al natural, como sale de la llave. Pedir al niño que introduzca cada mano en una de las tinas de la orilla, durante tres o cuatro minutos; luego, pasar al mismo tiempo ambas manos a la tina del centro, y preguntar: ¿cómo está, fría o caliente? Conversar sobre esto. Por qué se siente diferente con ambas manos.
martes, 10 de febrero de 2015
Enseña a tus hijos a razonar
Enseña a tus hijos a razonar
Dicen que los niños en la edad del porqué preguntan sólo en parte por verdadera curiosidad. Más bien lo que ellos buscan cuando preguntan por qué algo, o para qué, o de quién es, es interactuar con el adulto. Es como si dijeran: “Mamá, hazme caso”, o “Papá, aquí estoy, platica conmigo”.
Y claro, esa atención que piden hay que dársela.
Pero eso no quiere decir que tengamos que contestar a todas y cada una de sus preguntas, sin más ni más. Una idea muy original es aprovechar las preguntas de nuestros niños para enseñarles a pensar y a razonar, para acostumbrarlos a buscar por sí mismos las respuestas a sus interrogantes.
La sugerencia es que, cuando el niño pregunte “y por qué…”, “para qué…”, u otra cualquiera, en lugar de responder se le devuelva la pregunta: “Y por qué crees”, “Para qué crees que sirve…”, etcétera. Por supuesto que luego hay que poner atención a su respuesta, ya que sólo así el niño consigue su propósito y puede satisfacer su necesidad, que es captar la atención del adulto. Pero el adulto está consiguiendo un objetivo de la mayor importancia, y es hacer que el niño sea consciente de lo que pregunta, que observe lo que sucede. Es despertar, ahora sí, su curiosidad, y estimular su capacidad de razonar.
Con esta “técnica”, por llamarle de alguna manera, se acaban en primer lugar las hileras interminables de porqués, que son a veces tan desquiciantes. Pero lo más útil es lo dicho: formar el razonamiento de nuestros hijos. También nos permite convivir con ellos y conocer la forma como funciona su mente y cómo evolucionan sus pensamientos.
Y por añadidura, puesto que la lógica de los niños es tan diferente de la de los adultos, esta forma de convivir con ellos es algo que resulta, además, muy divertido y para papá y mamá es una forma gratificante de compartir el tiempo con sus hijos.
Deseo que estas sencillas ideas te resulten de utilidad.
Pero eso no quiere decir que tengamos que contestar a todas y cada una de sus preguntas, sin más ni más. Una idea muy original es aprovechar las preguntas de nuestros niños para enseñarles a pensar y a razonar, para acostumbrarlos a buscar por sí mismos las respuestas a sus interrogantes.
La sugerencia es que, cuando el niño pregunte “y por qué…”, “para qué…”, u otra cualquiera, en lugar de responder se le devuelva la pregunta: “Y por qué crees”, “Para qué crees que sirve…”, etcétera. Por supuesto que luego hay que poner atención a su respuesta, ya que sólo así el niño consigue su propósito y puede satisfacer su necesidad, que es captar la atención del adulto. Pero el adulto está consiguiendo un objetivo de la mayor importancia, y es hacer que el niño sea consciente de lo que pregunta, que observe lo que sucede. Es despertar, ahora sí, su curiosidad, y estimular su capacidad de razonar.
Con esta “técnica”, por llamarle de alguna manera, se acaban en primer lugar las hileras interminables de porqués, que son a veces tan desquiciantes. Pero lo más útil es lo dicho: formar el razonamiento de nuestros hijos. También nos permite convivir con ellos y conocer la forma como funciona su mente y cómo evolucionan sus pensamientos.
Y por añadidura, puesto que la lógica de los niños es tan diferente de la de los adultos, esta forma de convivir con ellos es algo que resulta, además, muy divertido y para papá y mamá es una forma gratificante de compartir el tiempo con sus hijos.
Deseo que estas sencillas ideas te resulten de utilidad.
martes, 20 de enero de 2015
La amabilidad es una cadena
¿Qué importancia tiene el
ser amables unos con otros? A veces, estamos tan ocupados o tan preocupados que
no tenemos tiempo, o más bien deberíamos decir que no podemos dedicar atención
a los pequeños detalles de amabilidad como son el saludo o el agradecer un
servicio. Vamos tan metidos en nuestros asuntos que ni miramos a los demás,
menos les hablamos y mucho menos les sonreímos. Ya ni se diga de estar
dispuestos a hacer un pequeño favor, como levantar algo que se cayó a quien va
junto a nosotros, ayudar a una señora a subir su pesada bolsa al camión o dejar
el asiento en el transporte público.
Y ello a pesar de la gran
satisfacción personal que dan a la persona que lleva a cabo esos pequeños
detalles, aparentemente sin importancia. Se dice que incluso es bueno para la
salud: el hacer un servicio o un favor a otra persona, conocida o no, ayuda a
generar buen humor en la persona que los hace, y ya es sabido que el buen humor
es uno de los mejores remedios para mantener la buena salud.
Pero además, la amabilidad
funciona como una cadena. No es sólo el momento en que hacemos algo por otra
persona y nosotros mismos nos sentimos bien al hacerlo, sino la disposición que
se genera en esa persona, a su vez, para ser amable con los demás. Pongo por
ejemplo el saludar al chofer del autobús urbano al subirnos y pagar nuestro
pasaje, el agradecer que nos haya hecho la parada; aunque pensemos que es su
trabajo, su obligación, podemos darle las gracias por hacerlo. El chofer quizá
iba de mal humor y la sonrisa o el detalle amable que tengamos con él será como
una oleada de alegría en su jornada; posiblemente no esté acostumbrado a saludar
a los pasajeros, pero si alguien se dirige a él con esa cortesía, al menos por
ese día, o por un rato quizá, salude o responda educadamente a los siguientes
que suban a su unidad.
Me refiero a tratar a las
personas no como cosas que están a nuestro servicio, no como robots que cumplen
con su trabajo les guste o no les guste, sino como personas que están, tal vez,
malhumoradas por alguna razón, o cansadas o estresadas, como individuos que
tienen problemas. Cierto que su mal humor o las dificultades por las que están
atravesando no son problema nuestro, pero también es más que cierto que podemos
ser un poco más humanos, tratar de ponernos un poco en el lugar de los demás y
hacer algo, que no nos cuesta mucho por cierto, para mejorar la vida de los
demás o, por lo menos, para hacerles más llevadero el día.
Y como lo digo en el
título, esto es una cadena. Si todos o la mayoría nos esforzáramos en ser
amables con los demás, el mundo, empezando al menos por el mundo cercano a
nosotros, sería diferente.
viernes, 9 de enero de 2015
La estrecha relación entre la lectura y el aprendizaje
Espero que
mis pacientes lectores me disculpen por empezar esta nota presumiendo; lo que
quiero no es ponerme como ejemplo, sino poner en relieve la situación de la que
deseo hablar. Cuando yo estaba en sexto de primaria solía estar en primer lugar
de mi grupo; en una ocasión se realizó un examen de lectura, exclusivamente de
lectura, en el que también obtuve el primer lugar. La directora de la escuela
comentó a todo el grupo la relación que había entre ambas cosas: la lectura y
el rendimiento escolar. Desde entonces me quedó el propósito, para cuando fuera
mayor y tuviera hijos, de formar en ellos el hábito de la lectura. Lo he
cumplido a conciencia: tengo cinco hijos, ya todos mayores, todos lectores y
todos, también, con carrera terminada; uno de ellos ya tiene una maestría y
otros dos la están cursando.
Ahora, a
lo que voy. Cuando un niño tiene la costumbre de leer y comprende lo que lee,
tiene asegurado el 90 por ciento o más de su calificación. Y no se trata sólo
de un número asignado en su boleta, sino que es una nota referida a un
verdadero aprendizaje. Esto es, si el niño no comprende lo que lee y sólo lo
memoriza o trata de memorizarlo no hay aprendizaje verdadero, sino
pseudo-aprendizaje: lo aprendido de esa manera lo olvidará, y no al cabo del tiempo,
no, sino apenas unos días después. Quizá apruebe el examen y con buena
calificación, pero no habrá aprendido casi nada, o nada. El resultado de
aprender sin comprender es que muchos alumnos llegan a los grados superiores de
primaria, y posteriormente a la secundaria y la preparatoria, con un enorme
vacío de conocimientos: apenas saben lo indispensable y a veces, ni eso.
La
relación entre ambas cosas, lectura y aprendizaje, se da de varias formas:
• La primera, la obvia, es la comprensión y asimilación de
los contenidos leídos cuando corresponden a las asignaturas de estudio, así
como el aumento de la cultura general cuando se leen otras materias, diversas
de las netamente escolares.
• Otra importante relación es la que se refiere al
desarrollo de un mayor vocabulario, así como la mejora de la ortografía y la
redacción y, con ello, de la capacidad
de expresarse.
• Una buena relación es la que se refiere a la autoestima
de los alumnos; el alumno que comprende lo que ha estudiado y es capaz de
expresarlo frente a su maestro y sus
compañeros, es un alumno seguro de sí mismo y deseoso de seguir aprendiendo. No
es lo mismo, cuando el maestro pregunta algo en clase, ser de los que saben y
levantan la mano, o ser de los que nunca pueden responder correctamente.
• Hay una relación que, en mi opinión, es la más valiosa, y
se genera por el trabajo mental de la comprensión lectora que ejercita las neuronas
y propicia el desenvolvimiento de la inteligencia misma.
No todo lo
escrito es útil, pero descartando la basura impresa, como son la mayoría de las
historietas, por ejemplo, y seleccionando cuidadosamente los contenidos de
acuerdo con los propios intereses, puede decirse que todo lo que una persona
lea le será útil en algún momento de su vida, ya sea en el ámbito académico o
en la vida diaria.
Suele culparse
a los docentes del grave atraso educativo que hay en México, pero me atrevo a
asegurar que la verdadera responsable es la ausencia del hábito de la lectura
en nuestros niños y también, por desgracia, en sus padres.
De la
misma manera, me atrevo a afirmar que esta carencia es la causante, en gran
medida, de la deserción escolar. Si los niños y los jóvenes no son capaces de
comprender lo que deben estudiar pierden el interés en ello y, a la larga,
prefieren abandonar la escuela.
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