viernes, 19 de septiembre de 2014
VALORES: CÓMO Y POR QUÉ
El tema de la formación en valores está de moda desde hace muchos años. No es posible, hoy en día, hablar de educación sin mencionar los valores y decir que no basta enseñar conocimientos sin valores, que la educación intelectual por muy buena que sea no está completa si no hay también formación de los valores en el individuo.
Muchas veces se pierde un poco el sentido de la palabra “valores” debido a su amplitud. Se consideran valores la honestidad, el trabajo, el respeto, el amor al estudio, la limpieza, la gratitud, el cuidado del medio ambiente, entre muchísimos otros. La lista es muy amplia. Incluso, hay diversas palabras que parecen referirse al mismo valor, y entonces se explica que son sólo parecidos y que hay entre ellos matices muy sutiles que los diferencian. Tales son, por ejemplo, los buenos modales y la cortesía.
El porqué de los valores es un punto también más que tratado: es la falta de valores lo que ha llevado a la sociedad a vivir los más graves problemas que se están viviendo ahora.
Pero no debe perderse de vista, en medio de tanta palabrería, algo fundamental. No basta decir que hay que promover los valores, rescatar los valores que la sociedad ha perdido, y que ello es necesario en el trabajo por lograr una humanidad, valga la redundancia, más “humana”. Eso es sabido. Y los ejemplos concretos de lo que son los valores y de cómo se viven, también abundan.
Pero seguimos sin saber cómo educar en valores.
Una historia
En una ocasión, una maestra de quinto grado contaba a sus alumnos una historia para mostrarles un ejemplo de lo que es la honradez y lo que puede ocurrir a una persona que no es honrada. La historia en cuestión hablaba de un delincuente, un ladrón, que empezó robando pequeñas cosas cuando era muy pequeño: dulces, lápices, juguetitos, unas monedas. Más adelante tuvo oportunidad de robarse una calculadora, un celular, la quincena de la profesora que pudo sustraerle de su bolso. Al crecer más, en lugar de estudiar para seguir una profesión se dedicó a robar: robaba autos, objetos del interior de viviendas, y llegó el momento en que empezó a asaltar a mano armada. Un día, finalmente, fue detenido y condenado a muerte, y en lo que llegaba la hora de su ejecución, decía: “Si yo hubiera sabido que así iba a acabar, no habría robado nunca”.
La historia tiene dos puntos demasiado flojos: el primero es que en México no hay pena de muerte, y menos para ladrones, de modo que la historia está fuera de contexto; los niños de quinto que la escucharon a su maestra no la percibieron como algo cercano, como algo que les pudiera ocurrir a ellos.
El otro punto flojo de la historia se relaciona con lo que me interesa abordar en este texto: el temor al castigo no es un buen motivo para modelar nuestras acciones, y no es suficiente, en la mayoría de los casos, para dejar de cometer un delito. El verdadero motivo para dejar de cometer un delito está, precisamente, en lo que venimos tratando: tener interiorizado un valor o unos valores, en el caso de la historia narrada, el trabajo propio y el respeto por las pertenencias de los demás.
Del mismo modo, para que consiga formarse en los individuos la conciencia del cuidado del medio ambiente (el ahorro del agua, el no tirar basura en las calles, el respeto a los animales) no puede hacerse poniendo una sanción personal que se sufriría si no se actúa de cierta manera. Esa sanción ni siquiera sería aplicable, ya que no es posible ir detrás de todos los que infrinjan lo establecido para castigarlos.
Es necesario, es urgente, encontrar otra forma de enseñar valores, otras razones que motiven al individuo a asimilar los valores y vivir conforme a ellos.
Y es necesario, también, que esto se haga desde que los niños son pequeños. Por supuesto que se debe intentar hacer reflexionar al adulto, al joven universitario, al obrero, al padre de familia, a la vendedora del mercado, sobre la necesidad de vivir conforme a ciertos valores. Lamentablemente, ese intento no rendirá frutos en muchísimos casos. Los adultos ya están formados y los valores no son parte, en muchos de ellos, de esa formación.
Pero es urgente no dejar pasar las oportunidades de formar en valores a los niños de hoy, y es urgente encontrar las verdaderas razones, las buenas razones, que motiven a los niños a asimilar valores y vivir de acuerdo con ellos.
Cómo formar valores
La única forma válida de enseñar valores a los niños es hacerlos ponerse en el lugar de las demás personas. No hay otra forma que sea realmente efectiva.
Si se quiere enseñar a un niño a respetar a los animales, no es aceptable que se le diga: “No molestes al perro, porque te va a morder”. La consecuencia lógica es que a otros animales que no puedan dañarlo, como una lagartija, sí se les puede molestar y hasta torturar; y que al perro, cuando esté encerrado en una jaula o tras una reja, también se le puede molestar con un palo o con un pico. La razón para no molestar a un perro no es, pues, ésa, sino hacerlo reflexionar que el perro es un ser vivo, siente dolor y merece respeto.
Cuando se trata de explicarles que no tiren basura no hay peor argumento que decirles: “No tires basura porque te van a regañar”. Ojalá hubiera multa para quienes tiran basura, pero ni en ese caso sería el mejor argumento: “No tires basura porque te van a poner una multa”. Entonces, cuando nadie nos vea, sí podemos tirar basura sin ningún problema, no habrá regaño ni castigo. El único argumento eficaz es que no hay que tirar basura porque la ciudad es donde vivimos todos, y cada uno de nosotros tiene que poner de su parte –aun si los demás no lo hacen– para mantenerla limpia.
Para enseñar a un niño como el de la historia, y como los alumnos de quinto año de esa maestra, a no robar, la amenaza del castigo y de la cárcel, o la pena de muerte, no funcionan. Los delincuentes son delincuentes porque ven demasiado lejos la realidad de un castigo, sienten como si estuvieran por encima de eso y como si sólo a los tontos, y ellos no creen serlo, les pudiera suceder. El único argumento que sirve es decirles: “No debes tomar lo que pertenece a tus compañeros, porque sus papás trabajaron para comprárselos; así como tus papás trabajan duro para comprar lo tuyo y les molestaría mucho que te lo robaran”; o bien: “¿Qué sientes tú cuando alguien te quita tus cosas?, pues no debes hacer que otros se sientan así”.
El respeto por las personas diferentes, aquellas que padecen alguna deformidad física como cojera, enanismo, etc.; o muestran un comportamiento extraño, como los paralíticos cerebrales, sólo puede enseñarse desde esta perspectiva. ¿Qué consecuencias tiene para una persona el burlarse de otra? Para el burlón, por lo general, no tiene ninguna consecuencia, pero es obvio que es un comportamiento incorrecto. Para educar, es necesario hacer que el niño se ponga en el lugar de la otra persona: “¿Cómo crees que se siente cuando alguien se burla de él/ella? ¿Te gustaría estar en su lugar? ¿Te gustaría ser (ciego, cojo, etc.) y que se burlaran de ti por eso? No, ¿verdad? Entonces nunca lo hagas”.
Los problemas de disciplina en la escuela tendrían una mejor solución si los niños estuvieran acostumbrados a ponerse en el lugar de la otra persona, tanto de sus compañeros como de sus maestros: “¿Qué siente un maestro cuando está hablando a sus alumnos y ninguno le presta atención, todos están hablando y jugando entre ellos?”
Se trata de sensibilizar al niño
Es necesario que el niño y el adolescente sean capaces de ponerse en el lugar del otro, de imaginar lo que ese otro siente: del viejito encorvado que vende galletas y nadie le compra, del pájaro al que un grupo de niños traviesos le roban su nido, del hombre con una cicatriz en la cara de quien todo el mundo hace mofa, del vecino que tiene que reponer el cristal roto por una pelota cada ocho días, y no tiene dinero. Como puede verse, la formación en valores pasa, entonces, por la sensibilización del niño. No se trata de enseñar conceptos muy técnicos, pero fríos. Los valores humanos, los valores que nos lleven a formar una sociedad más humana y más justa, no pueden ser fríos.
Se han propuesto, desde diversas casas editoriales, textos muy útiles para formar los valores en los niños. Sería conveniente que cada maestro de primaria tuviera un libro así, o una serie de relatos para leer con sus alumnos frecuentemente, de ser posible, diariamente, y propiciar así una reflexión en torno a ciertos valores; a veces podría abordar un valor, a veces otro.
Pero más importante aún es que el maestro, y por supuesto también los padres de familia, partan de las vivencias y convivencias diarias para formar valores en sus alumnos y en sus hijos. Por muy útiles que sean los textos para educar en valores, siguen estando en el terreno de la ficción; y aunque las situaciones sean posibles, incluso reales, no lo son para el niño, para él siguen siendo un cuento. Es mejor, más efectivo, aprovechar cualquier oportunidad de las muchas que se viven diariamente, para explicar a los niños cuál es el comportamiento correcto y, lo más importante, por qué es el comportamiento correcto. Para ello es fundamental estar atento a no dejar pasar esas oportunidades de educar: no pensar que se educa sólo dentro del aula y a horas establecidas y fijas. Se puede educar en cualquier lugar y en cualquier parte; quizá la calle y el patio de la escuela sean mejores lugares que el salón de clases para la educación en valores.
Tampoco basta el ejemplo, si bien éste es indispensable: no podemos decir una cosa y hacer otra y pensar que el niño hará lo que se le dice. Pero no basta el ejemplo, muchas veces el niño no observa lo que el adulto hace, o lo observa pero no lo comprende, o lo observa pero no aprecia los motivos de esa forma de actuar. Es necesario educar con el ejemplo, pero también con la palabra.
Y, por último, se requiere constancia. No puede pensarse que con decir a un niño una vez que debe respetar al viejito que barre la calle es suficiente. Si el niño ve que su vecino, su amigo o cualquiera que pasa no respeta a una persona, se burla de ella y parece divertirse mucho haciéndolo, lo más probable es que se olvide de lo que se le dijo una vez. Es necesario insistir en la misma y en otras situaciones, poner muchos ejemplos, hablar mucho y hacer reflexionar mucho, para educar en valores.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Formar niños y jóvenes lectores
Dónde formar a los lectores
Por lo menos entre los maestros,
y entre un gran sector de la población en general, se reconoce ampliamente la
importancia de la lectura: formar estudiantes lectores es uno de los objetivos
prioritarios en la educación. No voy a tocar los porqués de dicha importancia,
pues en la misma medida en que se habla de ella, se mencionan sus razones, pero
baste decir que, entre los estudiantes, la importancia de la lectura es tal que
ésta hace la diferencia entre un buen y un mal estudiante. Cuando un niño tiene
costumbre de leer y comprender lo que lee, tiene asegurado el noventa por
ciento de su calificación, incluso más. Si los padres supieran qué tan cierta
es esta relación entre lectura y estudio pondrían, sin duda, un poco más de
empeño en que sus hijos adquirieran dicho hábito.
Sin embargo, siguen siendo una
gran mayoría las personas, de todas las edades, que carecen por completo del
hábito de la lectura y del interés por formarlo. A nivel familiar y social, es
muy difícil pensar que se va a formar este excelente hábito, a pesar de que
cuando los padres son lectores y se empeñan en formar hijos lectores es relativamente
sencillo para ellos: en casa hay muchas oportunidades de compartir y favorecer
la lectura en familia. Pero los adultos de hoy no leen porque sus padres no
leyeron, y los niños de hoy serán adultos mañana que no lean porque sus padres
no leen.
De manera que casi la única
opción que tenemos a la vista es formar a los adultos lectores de mañana en las
aulas escolares, y la falta del hábito de la lectura en las familias de
nuestros alumnos es un obstáculo para que lo logremos. Es un gran obstáculo,
pero no es insuperable.
Requerimos, para ello, que desde
las autoridades responsables de determinar los planes y programas de estudio
concedan un poco más de importancia a este aspecto, para que le destinen más
tiempo y más recursos. Es necesario que no tengamos que distraer la atención de
los alumnos de otras materias, sino que la lectura tenga su propio espacio en
los programas. En cuanto a los recursos, es indispensable aumentar el acervo de
las bibliotecas escolares y de aula.
El argumento de que podría
insistirse a los niños que vayan a la biblioteca en horas extraescolares topa
con el obstáculo mencionado arriba: para que lo hicieran con la frecuencia que
se requiere para formar el hábito, se necesitaría que en sus familias hubiera
la costumbre y el gusto por entrar a una biblioteca. Volvemos a llegar a la
conclusión de que los libros, por lo menos para las generaciones actuales,
deben estar en la escuela, y es aquí donde se tiene que formar a los lectores.
Con qué formar a los lectores
Ahora bien, asumiendo que, por lo
menos por el momento, tenemos que arreglárnoslas con lo que tenemos y que no se
nos va a aumentar el acervo de bibliotecas, los maestros no podemos quedarnos
cruzados de brazos y permitir que nuestros alumnos pasen por el salón de clases
durante todo el curso sin hacer nada al respecto.
La primera propuesta es sacarle
todo el provecho posible a los libros de texto gratuitos. En los libros de
español y de lecturas están incluidos muchos textos atractivos, tanto fragmentos
de los clásicos como algunas lecturas modernas, de las que los docentes podemos
echar mano para organizar actividades de lectura con nuestros alumnos, en el
salón o como actividad para casa. Es necesario conocer bien los libros de texto
para darles el mejor uso posible.
Pero, además, los maestros
tenemos la posibilidad de emplear otros recursos, económicos y muy variados,
para diversificar nuestras actividades de lectura. Existen en el mercado
diversos materiales, a precios igualmente diversos, de manera que es posible
conseguir libros muy útiles y no demasiado costosos; quizá sea mucho pedir que
cada familia compre un libro para nuestros alumnos, pero teniendo el maestro un
buen libro podrá encontrar forma de trabajar con él, ya sea mediante la lectura
grupal en voz alta, ya sea mediante el fotocopiado.
Además, los maestros hoy tenemos
una importantísima herramienta a nuestro alcance, y es la computadora. Aunque
todavía es un artículo de lujo para muchas familias, su costo se ha reducido
mucho en los últimos años y continúa reduciéndose cada vez más, y hay lugares
donde puede rentarse una computadora por horas, consultar internet e imprimir
los textos que uno desee. En internet puede encontrarse también una amplia
variedad de textos escritos para los alumnos de cualquier nivel.
Por último, si el maestro es lo
suficientemente creativo, puede impulsar entre sus alumnos la lectura de sus
propios textos: escribir para ellos y motivarlos a que ellos mismos escriban. Con
este recurso no sólo se impulsa la lectura, sino también se desarrolla la
habilidad de producir sus propios textos y, con ella, la posibilidad de mejorar
la capacidad de expresión, la ortografía y la redacción.
Las diversas estrategias de que
puede valerse un maestro en el salón de clases para formar en sus alumnos el
hábito y el gusto por la lectura, dependen fundamentalmente de la edad de sus
alumnos. Esto estaría matizado, hasta cierto punto, por el nivel sociocultural
de las familias, ya que no tiene la misma madurez intelectual un niño de un
medio rural o de un medio popular que un niño hijo de profesionales, aun si
éstos no han cuidado de formar en él el hábito de leer. Sin embargo, en
términos generales podemos referirnos simplemente a la mayor o menor edad de
los estudiantes.
Menciono esto porque es un factor
que el docente debe tomar en cuenta al momento de elegir un texto para leer con
sus alumnos; si el nivel es preescolar o los primeros grados de primaria, el
maestro tendrá que elegir cuentos infantiles, los cuales serán totalmente
inadecuados para que un maestro de sexto año o de secundaria trabaje con sus
alumnos.
Qué aspectos formar en los lectores
Ahora bien, hoy nadie pone en
duda que enseñar a leer es mucho más que dar a conocer las letras y los sonidos
que ellas representan; enseñar a leer es hacer que los alumnos vean la lectura
como una aventura, como una actividad recreativa y no como una obligación.
Se dice que muchas personas
siguen siendo analfabetas a pesar de conocer bien las letras y los signos y
poder decir “qué dice” una palabra escrita. Siguen siendo analfabetas todos
aquellos que pueden seguir y pronunciar lo escrito, pero no comprenden su
significado ni se penetran de él. Leer no es pasar los ojos sobre los
caracteres y reconocerlos, unirlos más o menos correctamente para formar
palabras y aun oraciones, sino poder reproducir mentalmente la idea que un
texto escrito expresa y, por consiguiente, ser capaces de explicar dicha idea.
Y hacerlo no sólo para un enunciado o un párrafo sencillo, sino aun para un
texto largo, un artículo periodístico, un folleto informativo o un libro
completo. Para disfrutar un texto, cualquiera que éste sea, es necesario tener
un nivel suficiente de comprensión del mismo.
Por lo tanto, aquí tenemos ya dos
ideas principalísimas a tomar en cuenta al momento de alfabetizar: inculcar el
gusto por la lectura y buscar actividades que favorezcan la comprensión lectora.
Cómo formar a los primeros lectores
Aunque enseñar a conocer las
letras no sea lo único que hay que hacer para enseñar a leer, es sin duda lo
primero, y por lo general suele hacerse en preescolar o en los primeros grados
de primaria.
El docente que trabaja en estos
niveles tiene numerosas opciones para hacer que sus alumnos empiecen a conocer
las letras de una manera divertida. Este primer acercamiento a las letras es
fundamental para desarrollar, en el niño, la idea de que la lectura es una
actividad placentera. Para ello, el maestro de niños pequeños puede organizar
actividades de jugar a conocer sus propios nombres escritos, los nombres de sus
compañeros, de sus padres, sus mascotas, los nombres de los personajes de los
cuentos que les gustan.
En estas edades, es necesario que
los niños aprecien la lectura también como una actividad útil, y para ello se
aconseja que empiecen a leer, y a escribir, pequeños textos que tengan una
finalidad inmediata, tales como notas a sus padres, recetas de cocina sencillas
y breves de alimentos que pueden prepararse y comerse en el mismo salón, son
sólo algunas ideas.
El docente puede leer un cuento a
los niños y luego mostrar el texto escrito, enseñarles el nombre del personaje
principal y que ellos lo busquen después en las páginas siguientes; pueden
buscar, entre los nombres de los mismos niños, cuáles empiezan con la misma
letra que el nombre del personaje.
Y, quizá lo más importante, el
docente tiene que encontrar momentos durante el día para leer cuentos a sus alumnos,
y lo tiene que hacer frecuentemente, de ser posible, diariamente. Puede jugar a
leer el mismo cuento varios días seguidos, cambiando algunos detalles que los
niños deberán detectar; puede leer cuentos y pedir que los niños dibujen algo
sobre ellos. Puede dramatizar o permitir que ellos dramaticen las historias que
les lee. En fin, la lista de actividades referentes a la lectura con los niños
más pequeños es casi interminable. Sólo se requiere proponérselo.
Cómo formar lectores más adelante
Con niños un poco mayores y con
adolescentes, asumimos que conocen ya las letras y “saben leer”, por lo menos
en cuanto a reconocer las grafías y saber “lo que dice” un texto escrito. Las
actividades de lectura en estos niveles son distintas a las anteriores, pero la
lista también es enorme.
El docente puede organizar
actividades consistentes en invertir los textos, en transformar a los
personajes, combinar varias historias, construir historias nuevas a partir de
una frase, un dibujo o una fotografía, son algunas de ellas. Puede hacer que
los alumnos lean historias de las que se ha hecho película y luego comparen lo
escrito con lo visto en pantalla. Es útil hablar en el salón de los autores de
algunos textos leídos en clase, desarrollando así habilidades de investigación
y propiciando el interés de los alumnos por leer otras obras de los mismos
autores.
Ahora bien, en estos niveles
cobra importancia el mostrar a los alumnos, también, el interés de otros textos
diversos de lo narrativo: el docente podrá, por ejemplo, buscar artículos
interesantes en las secciones noticiosas y científicas de periódicos y
revistas; es importante que el docente se ubique en la edad e intereses de sus
alumnos y les proponga textos apenas por encima de ese nivel, exigiéndoles un
poco de esfuerzo pero sin salirse de su alcance.
Y, también, sería útil destinar
un momento del día, por lo menos algunos días de la semana, a la lectura en
grupo de textos narrativos. Aquí puede permitirse, y aun pedirse, que los
propios alumnos sugieran las historias que quieran leer.
Conclusión
A quienes tienen el hábito de
leer la lectura les proporciona, entre otras cosas, la posibilidad de cultivar
su mente y desarrollar habilidades intelectuales que les permitan realizar otro
tipo de estudios y mejorar su calidad de vida; además de momentos de
esparcimiento inigualables, la capacidad de conocer y usar un vocabulario más
amplio y adecuado a cada circunstancia y, casi como de regalo, un mejor dominio
de la gramática y la ortografía.
Por estas razones, los docentes no
podemos permitirnos dejar de dedicarle un tiempo y un esfuerzo sustancial. No
podemos decir que cumplimos con la tarea de educar mientras no logremos formar,
en nuestras aulas, alumnos lectores.
martes, 29 de julio de 2014
Cómo lograr que a tus hijos les guste leer
¿Cómo lograr que a tus hijos les guste leer?
Aquí te doy diez tips:
1) Mientras más pequeños sean cuando empieces, más fácil te será. De todas formas, no dejes de buscar la manera si tus hijos ya son adolescentes.
2) Consigue textos de acuerdo con los intereses de tu hijo. Si le gustan los dinosaurios, lee con él sobre dinosaurios. Para los más pequeños hay muchos textos interesantes; para los adolescentes es más difícil, pero en cambio puedes conseguir versiones resumidas de novelas clásicas, o artículos científicos breves y no muy complicados.
3) También lee algo sobre otros temas, de lo contrario tu hijo no diversificará sus intereses, no ampliará su mundo, que es una de las principales finalidades de la lectura.
4) Lean en familia. Pasar buenos momentos, agradables y divertidos, en familia, debe ser una de tus prioridades. Pasen buenos momentos comiendo, jugando, paseando, conversando... y leyendo.
5) Busca el mejor momento para leer. Cada familia tiene sus propios ritmos de vida, pero es importantísimo que destines un rato a este útil pasatiempo.
6) ¡¡Por ningún motivo hagas que tus hijos lean como castigo!! Más bien lo contrario: si has encontrado un texto que sea de su agrado, leer debe ser un premio. Si tu hijo adora ver televisión, no le impidas ver su programa favorito para ponerlo a leer; déjalo que vea televisión antes o después de leer.
7) Si eres una mamá o un papá muy atareado con los quehaceres del hogar, una forma de leer en familia es ir turnándose para leer partes de un texto mientras se dobla ropa, se limpian frijoles o se bolean zapatos.
8) Haz la lectura dinámica: dale entonación a la lectura según de lo que trate, incluso párate y corre alrededor del sillón, golpea suavemente, tapa ojos, asómate debajo de los muebles. Echa a volar tu imaginación.
9) Con los más pequeños, haz además la lectura "interactiva". No se trata de que preguntes momento a momento si le entienden, los harías sentir como tontos. Se trata de comentar, preguntar qué hubiera hecho el niño en el lugar del personaje, qué cree que va a suceder luego.
10) También con los más pequeños, ármate de paciencia: cuando un cuento les gusta, quieren que se los leas una y otra vez. No dejes de hacerlo, en todo caso, luego del cuento en cuestión introduce otros.
Aquí te doy diez tips:
1) Mientras más pequeños sean cuando empieces, más fácil te será. De todas formas, no dejes de buscar la manera si tus hijos ya son adolescentes.
2) Consigue textos de acuerdo con los intereses de tu hijo. Si le gustan los dinosaurios, lee con él sobre dinosaurios. Para los más pequeños hay muchos textos interesantes; para los adolescentes es más difícil, pero en cambio puedes conseguir versiones resumidas de novelas clásicas, o artículos científicos breves y no muy complicados.
3) También lee algo sobre otros temas, de lo contrario tu hijo no diversificará sus intereses, no ampliará su mundo, que es una de las principales finalidades de la lectura.
4) Lean en familia. Pasar buenos momentos, agradables y divertidos, en familia, debe ser una de tus prioridades. Pasen buenos momentos comiendo, jugando, paseando, conversando... y leyendo.
5) Busca el mejor momento para leer. Cada familia tiene sus propios ritmos de vida, pero es importantísimo que destines un rato a este útil pasatiempo.
6) ¡¡Por ningún motivo hagas que tus hijos lean como castigo!! Más bien lo contrario: si has encontrado un texto que sea de su agrado, leer debe ser un premio. Si tu hijo adora ver televisión, no le impidas ver su programa favorito para ponerlo a leer; déjalo que vea televisión antes o después de leer.
7) Si eres una mamá o un papá muy atareado con los quehaceres del hogar, una forma de leer en familia es ir turnándose para leer partes de un texto mientras se dobla ropa, se limpian frijoles o se bolean zapatos.
8) Haz la lectura dinámica: dale entonación a la lectura según de lo que trate, incluso párate y corre alrededor del sillón, golpea suavemente, tapa ojos, asómate debajo de los muebles. Echa a volar tu imaginación.
9) Con los más pequeños, haz además la lectura "interactiva". No se trata de que preguntes momento a momento si le entienden, los harías sentir como tontos. Se trata de comentar, preguntar qué hubiera hecho el niño en el lugar del personaje, qué cree que va a suceder luego.
10) También con los más pequeños, ármate de paciencia: cuando un cuento les gusta, quieren que se los leas una y otra vez. No dejes de hacerlo, en todo caso, luego del cuento en cuestión introduce otros.
viernes, 18 de febrero de 2011
Lee en zigzag
Te voy a dar otro tip para que llegues a dominar las técnicas de lectura rápida. Cada vez que tengas que leer un texto, recorre primero la página rápidamente en zigzag, tratando de percibir lo más que puedas pero sin regresarte. Al terminar, pregúntate cuál es el tema general de la lectura. Obviamente no habrás alcanzado a leer y no sabrás los detalles, pero el tema general es muy probable que sí lo hayas captado. Luego, lee el texto línea por línea, como acostumbras.
Varía esta técnica, haciendo el zigzag a veces más abierto y a veces más cerrado. Si sigues esta práctica siempre, o por lo menos casi siempre que leas algo, cada vez será más lo que alcances a comprender a partir de esa primera pre-lectura en zigzag.
Muchas personas, sin haber hecho nunca ningún otro tipo de ejercicio, han llegado a dominar las técnicas de lectura rápida de esta forma. Es cierto que tardarás mucho más en conseguirlo que si sigues un programa de ejercicios bien estructurado y dirigido a adquirir más rápidamente el dominio de las técnicas, pero con constancia podrás lograrlo.
Por lo demás, si tienes interés en adquirir en menos tiempo el dominio de las técnicas de lectura rápida, hoy está a tu alcance el método Velocilector, a un costo realmente accesible para todo el público y con un sistema muy amigable por su flexibilidad. ¡Solicita informes!, escribe a mexico.lector@gmail.com
Varía esta técnica, haciendo el zigzag a veces más abierto y a veces más cerrado. Si sigues esta práctica siempre, o por lo menos casi siempre que leas algo, cada vez será más lo que alcances a comprender a partir de esa primera pre-lectura en zigzag.
Muchas personas, sin haber hecho nunca ningún otro tipo de ejercicio, han llegado a dominar las técnicas de lectura rápida de esta forma. Es cierto que tardarás mucho más en conseguirlo que si sigues un programa de ejercicios bien estructurado y dirigido a adquirir más rápidamente el dominio de las técnicas, pero con constancia podrás lograrlo.
Por lo demás, si tienes interés en adquirir en menos tiempo el dominio de las técnicas de lectura rápida, hoy está a tu alcance el método Velocilector, a un costo realmente accesible para todo el público y con un sistema muy amigable por su flexibilidad. ¡Solicita informes!, escribe a mexico.lector@gmail.com
viernes, 11 de febrero de 2011
Una idea para ampliar tu campo visual
Una de las habilidades que debes desarrollar para poder leer más aprisa es abarcar mayor espacio frente a tus ojos, esto es, ampliar el campo visual.
Las personas que realizan los ejercicios para dominar las técnicas de lectura rápida afirman que cuando manejan notan cómo el campo visual de amplía, de tal manera que abarcan mayor extensión con una sola mirada: alcanzan a ver mejor lo que tienen a los lados y no sólo enfrente de ellos.
Para ello te propongo un sencillo ejercicio, que puedes realizar en cualquier lugar y momento del día: observa un punto frente a ti y, sin desviar los ojos a uno y otro lado, ni hacia arriba o hacia abajo, trata de distinguir lo más que puedas las cosas que rodean al punto que estás viendo.
Además, los ejercicios que presento en el método Velocilector incluyen muchos ejercicios cuya finalidad es ampliar el campo visual, tanto en sentido lateral como vertical, para que puedas abarcar más texto en cada golpe de vista.
Las personas que realizan los ejercicios para dominar las técnicas de lectura rápida afirman que cuando manejan notan cómo el campo visual de amplía, de tal manera que abarcan mayor extensión con una sola mirada: alcanzan a ver mejor lo que tienen a los lados y no sólo enfrente de ellos.
Para ello te propongo un sencillo ejercicio, que puedes realizar en cualquier lugar y momento del día: observa un punto frente a ti y, sin desviar los ojos a uno y otro lado, ni hacia arriba o hacia abajo, trata de distinguir lo más que puedas las cosas que rodean al punto que estás viendo.
Además, los ejercicios que presento en el método Velocilector incluyen muchos ejercicios cuya finalidad es ampliar el campo visual, tanto en sentido lateral como vertical, para que puedas abarcar más texto en cada golpe de vista.
martes, 21 de diciembre de 2010
Tip para ser mejor lector
¿Crees que por leer despacio comprendes mejor? ¡Pues déjame decirte que estás equivocado!
Cuando tú lees despacio, tu mente procesa rápidamente lo que leíste y luego... se distrae. Por eso al leer despacio te concentras menos y comprendes menos.
Para comprender mejor lo que lees es, por lo tanto, deberías leer más rápido, pero, ¿cómo lograrlo?
Una de las razones por las que leemos despacio es que vamos pronunciando mentalmente todo lo que leemos. Si pudieras dejar de hacer eso, tu velocidad de lectura se duplicaría o triplicaría.
Existen ejercicios específicamente destinados a suprimir el hábito de pronunciar mentalmente todo lo que lees, al que también se llama "subvocalización" o "vocalización mental". Pero a continuación te doy dos ideas que pueden servirte:
1) Pasa el dedo por las líneas de texto, sin detenerte palabra por palabra sino barriendo todo el texto, a una velocidad aproximada de uno a dos segundos por línea, y obliga a tus ojos a seguir a tu dedo. Luego de leer de esta forma varios párrafos, o una página o dos, observa qué tanto comprendiste. No será todo, quizá, pero ¡te aseguro que te sorprenderás!
Ejercítate en esta forma de leer y, cuando tengas dominada la forma de hacerlo, deja de pasar el dedo y realízalo sólo con la vista.
2) Lee a la misma velocidad que te indico arriba mientras repites una palabra de una sola sílaba (sí-sí, yo-yo, no-no, etc.), o bien mientras tarareas una tonada. Al principio quizá no comprendas mucho, pero poco a poco empezarás a entender lo que lees. Y es que la verdadera lectura, la lectura de comprensión, no es vocal sino visual. Trata de hacerlo siempre y te convertirás, poco a poco, en un mejor lector.
Si tienes necesidad de leer más rápido aun, ponte en contacto conmigo para que conozcas los ejercicios que ofrezco y que por su precio están ahora al alcance de cualquiera.
Cuando tú lees despacio, tu mente procesa rápidamente lo que leíste y luego... se distrae. Por eso al leer despacio te concentras menos y comprendes menos.
Para comprender mejor lo que lees es, por lo tanto, deberías leer más rápido, pero, ¿cómo lograrlo?
Una de las razones por las que leemos despacio es que vamos pronunciando mentalmente todo lo que leemos. Si pudieras dejar de hacer eso, tu velocidad de lectura se duplicaría o triplicaría.
Existen ejercicios específicamente destinados a suprimir el hábito de pronunciar mentalmente todo lo que lees, al que también se llama "subvocalización" o "vocalización mental". Pero a continuación te doy dos ideas que pueden servirte:
1) Pasa el dedo por las líneas de texto, sin detenerte palabra por palabra sino barriendo todo el texto, a una velocidad aproximada de uno a dos segundos por línea, y obliga a tus ojos a seguir a tu dedo. Luego de leer de esta forma varios párrafos, o una página o dos, observa qué tanto comprendiste. No será todo, quizá, pero ¡te aseguro que te sorprenderás!
Ejercítate en esta forma de leer y, cuando tengas dominada la forma de hacerlo, deja de pasar el dedo y realízalo sólo con la vista.
2) Lee a la misma velocidad que te indico arriba mientras repites una palabra de una sola sílaba (sí-sí, yo-yo, no-no, etc.), o bien mientras tarareas una tonada. Al principio quizá no comprendas mucho, pero poco a poco empezarás a entender lo que lees. Y es que la verdadera lectura, la lectura de comprensión, no es vocal sino visual. Trata de hacerlo siempre y te convertirás, poco a poco, en un mejor lector.
Si tienes necesidad de leer más rápido aun, ponte en contacto conmigo para que conozcas los ejercicios que ofrezco y que por su precio están ahora al alcance de cualquiera.
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lunes, 20 de diciembre de 2010
Qué son las técnicas de lectura rápida
¿Qué son las técnicas de lectura rápida, y cómo se desarrollan?
Las técnicas de lectura rápida fueron desarrolladas a lo largo del siglo pasado, curiosamente a partir de los descubrimientos realizados por un oftalmólogo sobre la forma como se mueven nuestros ojos al leer: los ojos no se deslizan de modo parejo y continuo sobre el texto, sino a saltos; movimiento que puede aprovecharse para avanzar en la lectura de la misma forma, a saltos.
Sin embargo, para ello se requiere dominar algunas habilidades, como es la de percibir más información en cada golpe de vista, deslizar los ojos con mayor rapidez y procesar varias palabras al mismo tiempo, para lo cual es imprescindible no pronunciarlas mentalmente.
Estas técnicas son realmente sencillas, tanto que algunas personas las adquieren sin necesidad de ejercicios dirigidos. No es así para la mayoría de las personas debido a la forma como fuimos enseñados a leer, forma que privilegiaba la vocalización de lo leído, la lectura en voz alta. Por eso, aunque las técnicas son sencillas, la mayor parte de las personas interesadas en leer más rápido debemos realizar algunos ejercicios para adquirirlas.
La primera buena noticia es que los ejercicios no son muy complicados ni requieren que se inviertan grandes cantidades de tiempo, aunque sí es indispensable ser muy constantes en su realización. La segunda buena noticia es que, si bien al principio parece que se comprende menos al tratar de leer de esta forma, la comprensión se recupera muy pronto: una persona que realiza los ejercicios comienza a recuperar la comprensión hacia la cuarta, quinta o sexta semana. ¿Qué tanto es esto, cuando se tienen años leyendo despacio y cuando se requiere incrementar la velocidad de lectura por motivos de estudio o trabajo?
La tercera buena noticia es que en México ya se encuentran estos ejercicios a un costo accesible, luego de varios años de existir, como única opción, dos métodos cuyo costo oscila alrededor de los 20 mil pesos. Hoy, las técnicas de lectura rápida, lectura veloz o lectura dinámica están al alcance de cualquier persona por la décima parte de ese precio.
Las técnicas de lectura rápida fueron desarrolladas a lo largo del siglo pasado, curiosamente a partir de los descubrimientos realizados por un oftalmólogo sobre la forma como se mueven nuestros ojos al leer: los ojos no se deslizan de modo parejo y continuo sobre el texto, sino a saltos; movimiento que puede aprovecharse para avanzar en la lectura de la misma forma, a saltos.
Sin embargo, para ello se requiere dominar algunas habilidades, como es la de percibir más información en cada golpe de vista, deslizar los ojos con mayor rapidez y procesar varias palabras al mismo tiempo, para lo cual es imprescindible no pronunciarlas mentalmente.
Estas técnicas son realmente sencillas, tanto que algunas personas las adquieren sin necesidad de ejercicios dirigidos. No es así para la mayoría de las personas debido a la forma como fuimos enseñados a leer, forma que privilegiaba la vocalización de lo leído, la lectura en voz alta. Por eso, aunque las técnicas son sencillas, la mayor parte de las personas interesadas en leer más rápido debemos realizar algunos ejercicios para adquirirlas.
La primera buena noticia es que los ejercicios no son muy complicados ni requieren que se inviertan grandes cantidades de tiempo, aunque sí es indispensable ser muy constantes en su realización. La segunda buena noticia es que, si bien al principio parece que se comprende menos al tratar de leer de esta forma, la comprensión se recupera muy pronto: una persona que realiza los ejercicios comienza a recuperar la comprensión hacia la cuarta, quinta o sexta semana. ¿Qué tanto es esto, cuando se tienen años leyendo despacio y cuando se requiere incrementar la velocidad de lectura por motivos de estudio o trabajo?
La tercera buena noticia es que en México ya se encuentran estos ejercicios a un costo accesible, luego de varios años de existir, como única opción, dos métodos cuyo costo oscila alrededor de los 20 mil pesos. Hoy, las técnicas de lectura rápida, lectura veloz o lectura dinámica están al alcance de cualquier persona por la décima parte de ese precio.
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